Los Alcarrizos. El 6 de marzo de 2021, tractores y palas mecánicas arrasaron el barrio Freddy Beras Goico, donde vivían 389 familias, dejando a su paso solo escombros y destrucción. Aquel día Denny Herrera, de 32 años, perdió algo más que su vivienda. A los catorce días, su marido falleció en circunstancias que solo puede atribuir a la angustia; vio cómo su familia se desarticulaba, perdió su fuente de ingresos y su salud mental también se quebró. Cuatro años después, intenta recuperarse, como puede, de todos estos embates.
“Era una casa de tres habitaciones, con baño adentro y galería. En la parte de adelante yo tenía un negocio que atendía. De acuerdo a lo que iba consiguiendo, la iba remodelando. Ya había echado el piso de las habitaciones, solo me faltaba el pañete y la pintura. Tenía más de seis años viviendo ahí”, rememora.
Cuando vio a un extraño entrar en su casa y destruir sus pertenencias, entró en pánico, al igual que sus hijos pequeños. A pesar de ello, logró sacar algunas de sus cosas y marcharse junto con cientos de familias que hicieron “Los Coquitos”, de una escuela en construcción, un refugio que en principio consideraron provisional y al mismo un símbolo de resistencia y lucha para recuperar lo perdido.
Han pasado cuatro años desde aquel suceso y, aunque al principio compartía el espacio de lo que sería un aula junto a otras cinco familias, todas se retiraron, y solo quedó ella y uno de sus hijos. En ese momento, le pidió a su suegro, quien también había sido desalojado del barrio, que se instalara en la otra mitad del aula compartida para sentirse más segura.
El segundo de sus dos hijos se fue a vivir con su abuela debido a la incomodidad y el ruido. El otro también se fue durante un tiempo, pero regresó a acompañarle durante un proceso de salud que considera delicado. Luego de sufrir una crisis nerviosa, Dennys sobrevive gracias a la solidaridad de la iglesia, que contribuye con su alimentación y gastos médicos. “Desde entonces mi vida no ha sido la misma”, dice.
Le ha costado mucho reincorporarse a una vida normal porque el ambiente de la comunidad le mantiene constantemente alterada. “Se pelea diario, se discute mucho, la presión de la gente, la incomodidad, desde la mañana empiezan a discutir entre los mismos vecinos, eso me pone muy nerviosa”, explica.
En diciembre pasado, la Alcaldía convocó a las familias a una reunión para ofrecerles la opción de retirarse a cambio de un monto económico: 150 mil pesos. La otra alternativa planteada era la de volver a pasar por un proceso de desalojo sin contemplaciones. Justo el suceso del desalojo llevó a Dennys a un estado en el que ya no puede valerse por sí misma. Pensar que volverá a experimentar una situación tan extrema le pone tan nerviosa que no puede evitar las lágrimas.
“Me he cansado de analizar y ese dinero que ofrecieron no alcanza. Lo que están enfermos o no trabajan, ¿qué van a hacer cuando se les acabe ese dinero? Los actos violentos no los puedo ver, eso me afectaría. Hay que aceptar ese dinero, porque no me queda de otra. Hay que coger ese dinero y buscar una casa por ahí”, expresa.
De todo lo que se ha perdido, hay un valor intangible que no se puede recuperar. Es lo que más extraña Dennys: la reunificación de su familia. Cada noche, una única oración la acompaña: “Le pido al señor que volvamos a estar juntos”.
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El barrio Freddy Beras Goico, con 17 años de fundado, contaba con servicios básicos e infraestructura urbana, escuelas e iglesias, lo que lo implica un reconocimiento del Estado de como un sector establecido y no un asentamiento de “invasores”.
Yubelkis Matos, asesora legal de la Red Urbano Popular por la Defensa del Territorio, reconoce que si bien no hay opciones legales para las familias que ocuparon, de buena fe, un terreno registrado a nombre de otro individuo, sí existen opciones sociales, como una indemnización justa por las viviendas perdidas.
Se recuerda el artículo 59 de la Constitución Dominicana, que establece que toda persona tiene derecho a una vivienda y que el Estado debe establecer las condiciones necesarias para hacer efectivo ese derecho.

